El suicidio es un tema difícil, pero el silencio no protege a las personas. Hablar de manera abierta, respetuosa y sin juzgar puede ayudar a alguien a sentirse menos solo y más dispuesto a aceptar apoyo.
Las personas latinas en Estados Unidos pueden enfrentar muchas fuentes de estrés que afectan la salud mental: presión económica, discriminación, miedos relacionados con la inmigración, separación de la familia, barreras del idioma, trauma, soledad, conflictos familiares y estigma por pedir ayuda. Estos retos no causan el suicidio por sí solos. El suicidio es complejo y puede afectar a personas de cualquier edad, género, nivel económico, religión, orientación sexual, estatus migratorio o historia familiar.
Muchas personas que están sufriendo no dicen directamente: “Quiero morir.” Pueden decir:
- “Estoy cansado/a de todo.”
- “Mi familia estaría mejor sin mí.”
- “No veo un futuro.”
- “Ya no puedo más.”
- “Quiero desaparecer.”
- “A nadie le importaría si no estuviera.”
Estas expresiones siempre deben tomarse en serio. Otras señales de alerta pueden incluir alejarse de la familia o amistades, regalar objetos valiosos, cambios repentinos de ánimo, dormir mucho más o mucho menos de lo habitual, aumentar el uso de alcohol o drogas, tomar riesgos peligrosos, agitación intensa o buscar formas de morir. Las señales son especialmente preocupantes cuando son nuevas, aumentan o aparecen después de una pérdida, conflicto importante o cambio doloroso.
Si te preocupa alguien, pregunta con calma y de forma directa: “¿Estás pensando en quitarte la vida?” Hacer esta pregunta no le pone la idea a la persona. Le da la oportunidad de decir la verdad y recibir apoyo.
Si responde que sí, o crees que está en peligro inmediato:
- No la dejes sola si existe riesgo inmediato.
- Reduce el acceso a objetos que podrían usarse para hacerse daño, si puedes hacerlo de manera segura.
- Limita el acceso a objetos que puedan utilizarse para autolesionarse, siempre que puedas hacerlo de forma segura.
- Llama o envía un mensaje al 988 en Estados Unidos para recibir ayuda confidencial en caso de crisis.
- Si hay peligro inmediato para la vida, llama al 911 o ve a la sala de emergencias más cercana.
- En el Condado de Contra Costa, llama al: 211
- No prometas guardar en secreto los pensamientos suicidas.
La persona no tiene que enfrentar una crisis sola. Un familiar, amistad, líder religioso, consejero escolar, terapeuta, médico o consejero de crisis puede ayudar a encontrar el siguiente paso seguro.
Para las familias latinas, es importante reemplazar la vergüenza con compasión. Decir “échale ganas” puede tener buena intención, pero puede no ser suficiente cuando alguien está sufriendo profundamente. Intenta decir: “Te quiero. Te creo. No tienes que pasar por esto solo/a. Busquemos ayuda juntos.”
El suicidio se puede prevenir. La conexión, escuchar, el apoyo profesional y actuar a tiempo pueden salvar vidas.
Pregunta para reflexionar: Si alguien que amas dijera: “Ya no quiero estar aquí,” ¿qué podrías decir para ayudarle a sentirse escuchado y seguro?
Javier Nunton, MTS